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sábado, 10 de noviembre de 2012

Un planeta muy lejano

Hubo un tiempo en el que en un planeta muy lejano, todavía no descubierto, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en día en la tierra.

En este planeta vivían en armonía el Amor, la Tristeza, la Alegría, y todos los otros sentimientos. Un día, uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el Amor se despertó aterrorizado sintiendo que su planeta estaba siendo inundado. Pero se olvidó rápido del Miedo y cuidó de que todos los sentimientos se salvaran. Todos se apresuraron y tomaron sus barcos, para subir a una montaña bien alta, donde podrían ver su pequeño planeta siendo inundado pero sin que corriesen peligro. Sólo el Amor no se apresuró; el Amor nunca se apresura. Él quería quedarse un poquito más en su planeta para cuidar de él, pero cuando se estaba casi ahogando se acordó de que no debía morir. Entonces corrió en dirección a los barcos que partieron y gritó auxilio.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La memoria del tiempo

Vivir es recordar. Caminar es recordar. Amar es recordar. Escribir es recordar. Leer es recordar... Todo es recordar. Al fin, con la muerte, ya nada se puede recordar. En el fondo somo la memoria del tiempo, el perenne deseo de lo que recordamos, el recuerdo de lo que quisiéramos olvidar y el olvido que quisiéramos retener. Precisamente, gracias a esta retentiva que poseemos somo gente con experiencia. Todo va a depender de lo vivido y convivido, del modo de pensar y de vivir, de la manera de ser y de actuar. Sin duda, la lucha del ser humano es un afán y un desvelo, el combate del pensamiento contra el abandono, la revuelta y la vuelta al recordatorio, puesto que aunque la lucha esté perdida, no debe disuadirnos de apoyar una causa justa.