Es evidente y absolutamente demostrable que los españoles no sabemos ser pobres. No se nos da bien esa carrera y nos tienen que indicar constantemente cómo se debe comportar un buen pobre (el pobre de vocación y solemnidad) que es el que está llamado a subir a los cielos. También es cierto que tenemos la suerte de contar con brillantes políticos conservadores (gente de orden, como Dios manda) que nos exigen constantemente a comportarnos como humildes y a no exigir ni pedir lo que un necesitado no debe necesitar.