miércoles, 1 de octubre de 2014

Encanto, amor, desencanto y desamor

Todas las separaciones matrimoniales son traumáticas, excepto cuando las dos partes lo deciden por unanimidad. Tengo algunos amigos separados por mutuo acuerdo y se les ve con buen aspecto, nada alicaídos ni resentidos, ni malhumorados. La mayoría se llevan bien con su ex. Se ven con frecuencia y van al cine juntos, o a bailar la lambada o el ballenato en clases de salón. Y siempre se ponen de acuerdo en el momento de decidir quién lleva a la niña a ballet y al niño al entreno de fútbol. Digamos que siguen unidos dentro de su separación.

En cambio, tengo otros amigos separados que no lo llevan nada bien. En algunos casos han convertido sus vidas en una razón de existencia para hacer la puñeta continua a su contrario, como Kathleen Turner y Michael Douglas en "La guerra de los Rose". A ver quien se putea más a quien. Haya niños por medio, suegras, suegros, hermanos o cuñados. En estos casos, la infelicidad está servida para contrincantes y familiares.

También tengo algunos amigos a los que la idea de la separación no para de rondarles por la cabeza. Algunos han llegado a la conclusión de que su matrimonio no tiene sentido porque han dejado de amar a su pareja y desean rehacer su vida con otra persona. Otras (suelen ser mujeres) están hartas de la pasividad de su consorte con respecto a las labores caseras. En algunos casos, algunos dicen que quieren vivir una vida independiente, sin tener que dar cuentas de sus actos a otra persona.

Pero ninguno acaba de decidirse a dar el paso. Unos me confiesan que rehacer su vida con otra persona puede significar repetir la vivencia con su ex: 1 encanto; 2 amor; 3 desencanto; 4 desamor. Otros dicen que prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer. Los que desean ser independientes piensan por otro lado que la independencia puede abocar a una inesperada soledad, sobre todo si llevas muchos años durmiendo y compartiéndolo todo con otra persona.

En fin, que la mayoría prefiere dejar las cosas como están, aunque saben que la idea de la separación no dejará de rondarles la cabeza. Y eso tampoco es sano.

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